martes, 26 de octubre de 2010

Nada más dulce (Relato poliédrico IV)

Nada más dulce... era su voz cuando tintineaban las burbujas de su risa. Siempre me tranquilizó escuchar sus historias. Creo que intentaba enseñarme algo, no lo recuerdo. Sólo echo de menos sus cálidas palabras: "Mi niña bonita, pero cuánto te quiero".

Nada más dulce... que aquel helado los domingos por la mañana. Salió corriendo de casa. "Hoy lo quiero de pistacho, mamá". Y llenaba su carita de helado mientras miraba con ojos inquietos la vida que aún tenía por delante.

Nada más dulce..., no había probado en mi vida nada más empalagoso que aquella dichosa comida deshidratada. Ni pollo ni pescado, ni fruta ni pastel. Sólo dulce concentrado. Maldita la hora en la que decidí meterme en estas cuatro latas que me lanzaron fuera de mi hogar. Ahora la tierra se ve tan pequeña...
Nada más dulce... que su aliento cuando acercó a mi cuello su boca. Su presencia me envolvió en un sueño y entre sus brazos me adormeció para no sentir el mordisco. Sus colmillos rozaron mi cuello y sentí la humedad de su lengua probando mi sabor. Sus colmillos rasgaron mi piel despacio mientras mecía mi cuerpo con su fría presencia. Mi sangre fue su vino y de mi se alimentó.




Nada más dulce... que aquel momento en el que comprendió que todo estaba acabado. Su cara mostró una paz infinita. Tomó mi mano y la apretó. "No me olvides". Cerró los ojos y se despidió de mí para siempre. Allí me quedé solo para siempre ante el rostro más bello y más dulce que nunca nadie vio. Allí me quedé solo ante una vida sin ella.

Nada más dulce... que tu fantasía buscando la forma de seguir con esta historia poliédrica. ¿Te atreves?.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nada más dulce.... que despertarse perezosa bajo la manta, sabiendo que está a mi lado. Nada más dulce que robar 10 minutos de pereza al reloj para disfrutar del sonido de su respiración pausada. Nada más dulce que recordar el momento en que nuestros cuerpos fueron uno. Nada más dulce que esperar ese instante en que abra los ojos y busque mi rostro con su primera mirada. Nada más dulce que ella, nada más dulce que esa pequeña vida, ... nadie más dulce que mi niña.


Desde Salamanca.