sábado, 27 de noviembre de 2010

Sed de mis noches

Capítulo 1: El arrepentimiento
He vuelto a hacerlo. No debo, pero he vuelto a hacerlo. Tenía tanta hambre... Cuando cae la noche me siento sola y el hambre de sangre me echa a la calle. Me escondo en cada esquina y veo pasar a las parejas charlando, riendo, felices... y sólo huelo su sangre y nada más importa.
Ya ni me acuerdo cuándo comenzó todo esto. Aquella promesa de eternidad me cegó y nadie me explicó que a cambio mi vida estaría condenada al destierro de la noche y de la muerte.
Anoche volví a beber sangre. Era un hombre. Era muy tarde. Se había quedado dormido, medio borracho, en un callejón cercano al Cuatro Lunas. Allí fui camarera durante un tiempo, pero me echaron al cabo de dos semanas. Me dijeron que espantaba a la clientela. Lo que no sabían es que los clientes estaban encantados, mi sonrisa y mis ojos se han convertido en una droga para los mortales, pero esos clientes no volvían al día siguiente por mi culpa.
Nunca he sabido parar a tiempo. Nunca he podido decir: “Ya, es suficiente, toma un poco de su sangre y déjale vivir”. No sé cómo podré parar esto. No sé si quiero parar esto.
Acaba de esconderse el sol y ya me siento inquieta. Cuanta más sangre bebo, más necesidad tengo de ella. Pero esta noche no, esta noche pasaré hambre. Lo juro. Play

Capítulo 2: Sed de sangre
He vuelto a la calle. La noche lo envuelve todo. Son más de las tres de la madrugada. Sólo alguna sirena a lo lejos, sólo algún grito ahogado al otro lado del río, un bebé que llora desconsoladamente,... La noche nunca ha sido tranquila ni pacífica.
Hay una luz en una ventana. Suena una música. Esa canción.... Play
Hace años, muchos años, me mecí al ritmo de esta melodía entre los brazos del alguien que después desapareció. Hace años, muchos años, que nadie me abraza desde entonces. Hace tantos años que nadie comparte las lunas y las estrellas que acompañan mis noches y crean mis luces y mis sombras en una paleta sombría...
No será fácil, pero debo ver lo que hay tras esa ventana.

Capítulo 3: El misterio no soy yo
Me encaramo con agilidad junto a la ventana, agarrada con fuerza a los cables que recorren la fachada. Desde que soy así mi cuerpo me sorprende con posibilidades antes casi impensables. Asomo un poco la cabeza. La persiana está subida y no hay cortinas que me impidan ver el interior de esa casa.
Está allí, ante la pantalla del ordenador. Ensimismado. Esboza una sonrisa de vez en cuando, pero no deja de mirar la pantalla. ¿Qué estará haciendo?
No puedo ver su cara. Necesito ver su cara. Sólo alcanzo a ver su cuello.
Se levanta. Se dirige a la ventana. ¡Debo esconderme cuanto antes!
Abre una de las hojas de la ventana, debe tener calor. Esto me permite observarlo mejor. Empieza a llegar a mí su olor. Huelo su sangre. Es diferente. Es como un vino especiado. Huele a sangre, a sudor. Bajo la piel de su cuello palpitan sus venas. Un mordisco certero y es mío, pero espero. Nunca había disfrutado tanto sólo observando a alguien. Se mueve despacio, mientras sus dedos bailan sobre el teclado vertiginosamente. Play

Capítulo 4: La tentación
Ha pasado ya una hora y sigo espiando al desconocido del ordenador. Tengo hambre. Quiero beber de su sangre, probar el sabor de esa piel que me tienta. No puedo más.
Sigilosamente entro por la ventana. Mi respiración acelerada podría delatarme, debo usar el somnífero. Sólo un leve soplo de mi aliento en su nuca y lo tendré a mis pies.
Me acerco. Me está volviendo loca la espera. Llevo mi boca a su cuello y soplo mi veneno adormecedor. Él deja de escribir, pero sigue despierto.
Giro la silla hacia mi. Me ve y esboza otra sonrisa. Acerca su mano a mi cara y me acaricia la mejilla. Le respondo recorriendo con mi dedo su cuello y él ladea su cabeza ofreciéndomelo. Acerco mi boca y me embriaga su olor. Un ligero roce de mis colmillos y su sangre ya empapa mi lengua. Bebo despacio, agitada. Casi no puedo respirar.
Y, de repente, él toma mi cara y acerca mi boca a su boca. Tiemblo. No puede estar pasando.
Corro, salto, me alejo, aturdida, quiero volver, quiero huir. El sol está a punto de salir. Debo esconderme. Mañana volveré a esa casa. Quiero volver a verle. Play

Capítulo 5: El final y el principio
Hoy he dormido mal. No sé si lo he soñado o si viví el sueño de un beso. Había una ventana. Debo ir a comprobar si fue real.
Camino despacio por la ciudad. Saboreando mis dudas, mi necesidad, sorprendida por algo que ha logrado que se mueva la oxidada maquinaria de mi alma. A lo lejos aparece la casa de mi recuerdo y de mi sueño. La misma ventana, esta vez ya abierta de par en par, la luz encendida.
Avanzo ligera por la fachada y por fin me asomo. Allí está el, esperándome, con una leve sonrisa. El ordenador sigue encendido.
“No vuelvas a irte así”, me dice tendiéndome la mano.
Mi cabeza da vueltas. Esto es lo que quiero. Él es mi presente y mi futuro. Nada más importa. Play


No hay comentarios: