Otros gatitos

Esta habitación de la casa de la gatita está llena de relatos y otras cosas aportadas por gatitos amigos. En ella iré añadiendo los textos enviados. Gracias a todos.
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Sabía que ese olor le era familiar. Ese aroma pululaba por los surcos de su cerebro despertando emociones y sensaciones ya conocidas. Pero sin nombre. Sentía, era un puro sentir, porque desde hace tiempo, ni siquiera sabe cuánto, su mente había echado el cerrojo. Sentía sin palabras, sin recuerdos. Nada de lo vivido podía salir ya de ese lugar escondido guardado bajo las siete llaves de la memoria. Su mente había decidido preservar el tesoro de sus recuerdos sin querer compartirlo con él. Pero seguía escuchando la llamada del sentir. Sentir pero sin nombre. Conservaba la certeza de haber reído, de haber llorado, de haber amado, de haber odiado.


En su cuerpo se reflejaban las arrugas que atestiguaban miles de risas, litros de lágrimas, mil y una dudas. Sentía sin saber qué sentir ni porqué hacerlo, pero lo hacía. Sentía su emoción asomarse a sus ojos cuando miraba embobado los colores del atardecer, la tonalidad caprichosa de las hojas caídas en el jardín tras los cristales, el brillo del anillo en su mano.

Ella vino para poner un plato de puchero delante de él, ese olor parecía amansar el grito del vacío que venía de su interior. Otra vez se sentía en casa. Su alma le había revelado lo que su mente le negaba. Estaba allí donde quería estar, con quien quería estar, donde el amor le acunaba. Sentía, y se alegraba de seguir sintiendo.
D.N.

(relato publicado en Diez palabras,un relato)
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Hoy os ofrezco un texto de un amigo. Os animo a todos a participar en este portal.


Qué estará pasando por tu cabecita cuando tienes prácticamente perdida la mirada, miras pero realmente no ves, tus ojos se encienden aprovechando la puesta de sol con el estertor de la jornada se vuelve uno más pausado, más atemperado, más sincero consigo mismo. Debe ser el ocaso del día que nos nubla la mente y nos permite ser más auténticos, en tu caso, sin duda, sin el ruido de los teléfonos ni el trasiego de almas a tu alrededor. Tu playa, la playa, el mar, el sol, la arena (le echo de vez en cuando un vistazo para mantener vivo mi recuerdo de mi tierra -un gesto que jamás olvidaré-) y la dulzura del rostro aterciopelado y permisivo ante el panorama presente vislumbran viajes a otros mundos, dejan traslucir sensaciones placenteras ante experiencias soñadas y cada día más cercanas..... En fin, un grito en mitad de la paz suena a un mosaico de luciérnagas curiosas por querer experimentar lo mismo....

2 comentarios:

Ana dijo...

El primer relato es muy dulce. Me encanta el mosaico de luciérnagas curiosas.

El segundo relato... ufff. Mucho más duro, inquietante y bello a la vez.

Muchas gracias por pasearos por este portal. Siempre sois bienvenidos.

Eva dijo...

Gracias a tí Ana por escribir como perfilando el contorno de las palabras y coloreando su interior.

Gracias por hacernos un hueco en esta habitación, llamaré para entrar.