martes, 10 de agosto de 2010

Poetas

Mendigos de las palabras y juglares de historias nacieron para convertirse en un día en tribu de pomposos sin nube a la que asirse para verse desde lo alto la corona de laureles que con sus manos tejieron.
Y aquellos otros, alimentados de piedras, de tenacidad, de sinceridad y vertiendo alma e impetuosa decisión en cada verso. Poetas de ojos grandes y manos pequeñas, rendidos al peso de la palabra, a la responsabilidad de que otros califiquen lo incalificable.
Y otros, vestidos de ostentosos ornamentos, llenos de palabras que sólo son sonidos huecos, sin sentido, sin un fin, sin un querer decir algo bello, algo doloroso, algo por decir algo y sacarlo de dentro para que no anide y escueza dentro la pereza de seguir adelante con el peso de la realidad.


Por favor, un respeto a las palabras y a los que las usan temerosos de su poder.

(P.D. Sigo aquí un debate iniciado en las últimas entradas del blog El Umbral de Paco).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Las palabras no valen nada. Las palabras son basura.