Finisterre. Tengo que volver al fin de la tierra para asomarme a su acantilado, en el que el mar te llama para que lo sigas al horizonte infinito. Como un poderoso imán.
He de volver para vaciarme en el mar de todos mis pesares, mis olvidos y mis temores, para que caigan y se despeñen contra la roca oradada por el agua y la sal, por el tiempo de los que en otro tiempo se asomaron al balcón del fin de la tierra.
Y a pesar de todo, la casualidad es redonda y vuelvo a estar en Finisterre sin ni siquiera ver el mar.
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