
LOS HIJOS DEL FUEGO
En un principio era el fuego rojo.
En un principio era el fuego rojo.
De las llamas nacieron las escamas del alado Gontor y de las ardientes ascuas, el cabello de Drabán. Nacieron hermanos y como hermanos volaron juntos en el vacío del caos del mundo no creado.
Drabán, el caballero de armadura roja, se alimentaba de la sangre de Gontor y éste vivía del aliento ardiente de Drabán. El fuego y el caos fueron su hogar hasta el día en el que Gontor perdió una escama y Drabán se lanzó al vacío del caos para recuperarla. No volvió y el alado Gontor murió poco después sin el aliento de vida ni la compañía del pelirrojo caballero.
Pero Drabán no había muerto, el engañoso caos lo había adormecido y alejado del fuego. Su corazón aún latía gracias a la sangre de Gontor que aún corría por sus venas. Con el último aliento del gran alado la sangre de Drabán se heló y supo que su hermano había muerto. Arrancó sus ataduras de las entrañas del caos y logró volar hasta el fuego rojo, al que suplicó por la vida de su hermano muerto. Pero el mundo yermo no pudo volverlo a la vida. Por ello, Drabán tomó las brillantes escamas rojas del ya frío cuerpo de su hermano de sangre y las esparció en la nada y el caos sujetó su fuerza sometiéndose al fuego y transformándose en océanos y montañas.
Pero Drabán no había muerto, el engañoso caos lo había adormecido y alejado del fuego. Su corazón aún latía gracias a la sangre de Gontor que aún corría por sus venas. Con el último aliento del gran alado la sangre de Drabán se heló y supo que su hermano había muerto. Arrancó sus ataduras de las entrañas del caos y logró volar hasta el fuego rojo, al que suplicó por la vida de su hermano muerto. Pero el mundo yermo no pudo volverlo a la vida. Por ello, Drabán tomó las brillantes escamas rojas del ya frío cuerpo de su hermano de sangre y las esparció en la nada y el caos sujetó su fuerza sometiéndose al fuego y transformándose en océanos y montañas.
Ese mundo era bello, pero estaba solo y había sido el culpable de la muerte de su hermano al dejarlo sin su aliento de vida. Por eso abrió sus venas, de las que brotó la roja sangre de Drabán y de Gontor, de la que nacieron los hombres y de la que surgió la maldición, la traición de sangre de los herederos de Dragonte.
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