Yo pensé que las manifestaciones eran terreno exclusivo de los ciudadanos. Que eran formas de alzar la voz contra las todopoderosas decisiones de los que se sientan en un escaño o en el sillón de un plenario. Pero el egoísmo político no tiene fin y ahora son también dueños de la voz de la calle. ¿No les parecía poco? Ahora las manifestaciones tienen frases medidas al milímetro, justificaciones increíbles y grandes pancartas, cada vez más grandes, para que todos salgan bien en la foto. No les bastan las mociones, las propuestas, la voz y el voto, también quieren controlar la opinión pública de los que creen que los eligen en las urnas.
Perdonen ustedes por el pesimismo, pero es que creo que ya no funciona ni el buzón de sugerencias. ¿Para qué? Nunca pasa nadie a recogerlas. Y luego se extrañan de que los andaluces no vayan a votar su Estatuto. El ruido que hacen los cuchillos al cortar el aire oculta, como siempre ocurre, las verdaderas informaciones, aquellas que se tapan bajo el mugriento manto de la polémica entre partidos. El que no deja ver el contenido de esta ley de leyes, que, finalmente, siempre se queda en agua de borrajas.
Un poco de maquillaje, un 'lifting' y ¡hala!, ya están listos de nuevo para la foto de familia. ¡Qué gran trabajo!
Muchos proyectos de desconocidos y grandes pensadores de nuestra época (que aún los hay y se mantienen como especies en peligro de extinción) se tornaron en bronca política y se hundieron en el lodo. Y es que la evolución tecnológica siempre ha estado supeditada a la religión económica y política, la que dirigen con mano firme e insensible los santones de los mercados bursátiles.
Ahora esos santones dicen que el carbón no vale, que no sirve ni para quemar en las viejas calefacciones, esas que de toda la vida han calentado las casas de ricos y pobres. ¿Y qué van a hacer las empresas que se dedican a repartirlo? ¿Y qué van a hacer los prejubilados de la mina con ese carbón inútil almacenado en el sótano? ¿A nadie se le ha ocurrido, incluso, que ya no se podrán hacer barbacoas? Tendremos que asar los chorizos con cerillas y velones de los gordos. Y en casa, chaquetita y calcetines de lana, que el precio del gasóleo está que congela. Ya me veo quemando las cáscaras de las castañas durante el invierno, que de ésas, al menos de momento, tenemos de sobra en el Bierzo.
A no ser que al Gobierno, que ya nos ha quitado el tabaco, el vino y los baños calientes de burbujas, le dé por decir que mejor plantemos coles de Bruselas, que tienen mucha mejor aceptación en Europa.
¡Bendito mercado libre! No te dicen lo que tienes que consumir, pero bien que te lo hacen saber a base de elevar los precios y los impuestos. Lo que soy yo, voy a llamar a mi primo el aizcolari, para que me haga un buen almacén de combustible vegetal para el invierno. ¡Ah, se me olvidaba que tampoco se puede talar el bosque!
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