No puedo resistirme, es más fuerte que yo Una musiquilla pegadiza se me ha instalado en el cerebelo. Por favor, que alguien me diga cómo se baja el politono al móvil. 'Amilivia, Amilivia, tú serás de nuevo ' ¿Cómo no se le ocurrió antes a Riesco? Podrían hacer incluso un dúo. Ni los más sesudos expertos en marketing pudieron haberlo pensado mejor. Las más exitosas ideas son las más sencillas. Una música pegadiza, una letra fácil y ¡voilá! el alcalde de León, Mario Amilivia, aparece en todos los medios de comunicación nacionales. Y es que hay que ponerse las pilas, que la campaña ya está ahí a la vuelta de la esquina. En Ponferrada deben estar ya templando las gaitas para hacerle un himno a Riesco en la misma línea, pero con un buen toque celta, para marcar diferencias y no ser menos. La guerra estará en hallar la mejor forma de buscar el máximo bombo político para que se hable en los papeles de envolver el pescado, aunque sea mal.
Ni siquiera los acuerdos firmados por Zapatero el domingo se difundieron con tanta rapidez por la red de redes. Bueno, es que lo de estos chicos políticos es 'puritita' contraprogramación mediática, en realidad. Pues sí, Zapatero en Ponferrada. Un acto multitudinario en el que el 'presi' también habló de la polémica Ley del Alcohol. Que si es malísimo, que estamos preocupadísimos por los menores... Vale, está bien. Pero, ¡por Dios!, no terminen ustedes unas palabras tan bien traídas y tan filantrópicas con un vino español. Porque, no sé si lo saben, pero, claro, al finalizar el acto hubo un tradicional vino español. Tinto y blanco, a elegir, para más inri, aunque eso sí, nadie se quejó.
El 'presi' anunció, además, que seguiría dándole vueltas a lo del alcohol. Si tan empeñados están en que todos seamos abstemios, pues entonces yo abogo por transformar en mosto español el vino español, tan ligado a las cintas inaugurales del cemento y las fiestas romeras. Que no es ninguna bobada, ¿eh? Que los bodegueros se planteen por un momento la de tiempo que se iban a ahorrar en la fermentación del mosto. Vamos, que tan sólo deberían exprimir la uva y ¡hala, a envasar! Claro, que entonces los sumilleres deberían transformarse en 'mostilleres' y habría que empezar a hacer nuevas catas para comprender la finura del olor y el paladar de un mosto con cuerpo y bien estructurado en boca.
La cuestión es que, para que los niños no tomen alcohol, sus padres y sus abuelos los llevan a los bares a la hora del vino ¡y les dan mosto!, como para irlos integrando en el mundo de la uva. Claro, las criaturas crecen y se convierten en adolescentes con pelo por todos los sitios y se preguntan: ¿si el tiempo me está cambiado así, qué no hará con mi amado mosto con guinda que flotaba en el vaso cuando era más niño? Aunque claro, se dan cuenta de que el tiempo sólo le va bien al mosto, porque al cuerpo lo pone fatal. Por eso los mayores, cual Cleopatra con la leche de burra, nos inundamos con el oloroso caldo fermentado, como si el bebedizo que gana con el tiempo fuera a trasladar al continente algo de su magia.
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