sábado, 28 de julio de 2007

Ponga un blog en su vida

Es absolutamente increíble la cantidad de blogs peregrinos que circulan por la red de redes. Los viejos diarios personales han desaparecido para dejar paso a esas páginas virtuales, sublimes en algunos casos e incomprensibles en otros. Son los diarios del siglo XXI. No me parece mal que cada uno eche su imaginación, su talento o su aburrimiento al pairo del proceloso mar de Internet, pero lo que no llego a comprender es el escondido motivo o razón que lleva a una persona a pensar por un momento que a alguien le interesa si cuece o enriquece los fideos de la cena de ayer. Peor se me pone el tema con aquellos blogs en los que la gente da consejos para alcanzar la felicidad. Vamos, que digo yo que si tuviera un frasco de esencia de la alegría perpetua, preferiría incluso pasar el día rodando por laderas cuajadas de hierba verde con un gorro de flores, como Laura Ingalls, en lugar de gastar mi tiempo en intentar convencer al resto del mundo de un imposible.
Pues hete aquí que me entero hace poco que los más ‘bloggueros’ son los japoneses. Y que el tema que más les gusta son los gatos. Hombre, sé que la vida de mi gato es mucho más interesante que el argumento de algunas novelas que circulan por las librerías. Lo que no entiendo muy bien es que a la gente le resulte más susceptible de ser escrita la vida de un gato que la suya propia, aunque esto en algunos casos puede incluso a llegar a ser cierto.
El caso es que en un mundo tecnológicamente avanzado nos ha dado por los blogs y por crear mundos paralelos virtuales. Tal es el caso de Second Life. ¿Qué quieres un cuerpazo? Pues ahí tienes, sin dietas. ¿Qué no tienes pasta para comprarte una casa en el mundo real? Pues nada, nada, te compras una en Second Life y por cuatro duros la llenas de muebles gratis y la conviertes en el sitio de moda para hacer fiestas y bacanales. Últimamente he oído que hasta se han montado agencias de viaje en esta especie de chat con imágenes para programar unas vacaciones por todo el mundo virtual, sin despegarte de la pantalla del ordenador. Vale, te ahorras las esperas en los aeropuertos, pero no coges moreno ni de casualidad.
No sólo a la gente ‘de a pie’ le ha dado por tener una vida virtual paralela. En esta trampa han caído muchos políticos, especialmente en la última campaña electoral. ¡Pues no les parecían poco los mitines, campañas publicitarias, vallas electorales, pins, camisetas… y demás familia, que consideraron super original seguir largando sus diatribas en Internet!
Vale, vale. Yo he caído en esa trampa, lo reconozco, pero es que la masa me empuja. También he abierto un blog, porque entiendo que es la mejor manera, la menos lesiva, de sacar fuera de la boca todos los improperios que se te quedan dentro a lo largo del día, bien sea por educación o dedicación.
Pues a blogguear toca. A la vuelta del verano cada uno recordará los tiempos del ‘cole’ y haremos, esta vez con más ganas y por iniciativa propia, la típica y tópica redacción sobre cómo ha sido mi verano. Si es que somos como niños…

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