Vio deslizarse un hilo de sangre… por el tubo de goma mientras seguía apretando el puño con fuerza.
- “No te preocupes, mi vida, pronto estarás mejor”.
Junto a ella, en la cama contigua, el pequeño cuerpo de Daniel seguía pálido y blanco. Sólo su sangre podría darle una oportunidad.
Apretó más fuerte aún su puño. Su corazón bombeaba rápidamente. Llevaba meses sin poder dormir, sin poder descansar. Siempre cerca de su cama, siempre agarrando fuerte su pequeña manita…
- “Mamá, te quiero. No te preocupes. Voy a estar bien”.
Giró su cara para evitar que su hijo viera que, de nuevo, no podía aguantar las lágrimas.
- “Sí, cariño, esta vez va a ir todo bien, ya lo verás. Cuando cumplas siete años te voy a hacer la tarta de chocolate y nata más grande del mundo”.
Vio deslizarse un hilo de sangre… de su boca mientras seguían corriendo como alma que lleva el diablo. Sabía que le habían alcanzado, pero no quiso parar para intentar salvar la vida de ambos.
Llegaron al restaurante. Entraron por la puerta de atrás. En la cocina, Xian los miró estupefacto.
- “¿Qué os ha pasado?”.
Tras la puerta se oyeron unos pasos. Nada más. Los hombres de Won cedieron esta vez, pero Zhang ya miraba con ojos perdidos a su alrededor mientras los borbotones de sangre que brotaban de su pecho bañaban su ropa. Cayó fulminado, con el rostro aterrado. No tuvimos tiempo de despedirnos. Siempre fue valiente, pero desde niño le tuvo miedo a la muerte.
Vio deslizarse un hilo de sangre… por el canal de la prensa. Ese era el color de su primer vino. Rojo cereza, espeso, oloroso… La bodega de su abuelo seguía funcionando a la perfección y sus viñedos seguían siendo los mejores de la comarca. Situados en la ladera más soleada de la zona, las viñas habían vuelto a dar sus mejores frutos después de un duro trabajo de preparación de la tierra y de las cepas.
Se llamará como ella, como la abuela. Se llamará Alma. Y volverá a ser el mejor de las cartas de los más selectos restaurantes.
Vio deslizarse un hilo de sangre… que llegó hasta el desagüe situado en medio del patio. Los chillidos del animal lo envolvían todo. Cada vez que ocurría me quedaba paralizada. La muerte paseaba entre nosotros durante cada matanza.
Luego llegaba la calma. Había que probar la carne fresca. La sangre cocía en una gran cazuela sobre la cocina encendida.
El olor del pimentón, de la carne picada, de las tripas remojadas para hacer los chorizos y los salchichones. El frío y el olor a humo. Todo era muerte. Todo era fiesta.
5 comentarios:
Tu portal, como tus relatos son ¡grandiosos!
El primer relato poliédrico me encantó, del segundo, no tengo palabras, eres increíble!!!
Tenemos algo pendiente, cuando organice las bolsas de mi mudanza, me pongo con el encargo.
Un beso.
Milady, tenemos muchas cosas pendientes. Este año tenemos muchas cosas que celebrar juntas, así que no te preocupes, que ese encargo puede esperar.
Un beso.
Y otro para anónimo.
La Gatita.
Gatita, me dejas sin palabras. ¡Qué pasada!
Gatita, me dejas sin palabras. ¡Qué pasada!
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