viernes, 30 de mayo de 2008

A Ninú, el encantador gatito de la raya al medio



Lamento el descuido del portal de la gatita. A veces la vida agota cada minuto demasiado deprisa como para dejarte un segundo para recordar lo que realmente importa, lo que de verdad te motiva y te permite abrir los ojos cada día con ganas de saber y conocer.

Otras veces las tristezas se atropellan en la cabeza y la garganta y te dejan sin aire, sin aliento y vuelven a quitarte minutos de felicidad en esta corta, tan corta vida.

Mi relato de hoy es un poco triste, pero espero que sirva para que dos de las personas a las que más quiero en este mundo se animen a reconocer que son las más maravillosas y que tienen mucha gente a su alrededor que les quiere con locura y que nunca les soltará de la mano, pase lo que pase.


A Ninú, el encantador gatito de la raya al medio


Cuando se despertaba por la mañana mojaba las suaves almohadillas de su patita y comenzaba a atusarse la cabeza hasta que lograba controlar su pelo, hasta conseguir que se marcara bien su raya al medio.

Una vez arregladito, a lametones despertaba a su mamá. "¡Vamos, vamos, que tengo hambre y ganas de jugar. Soñé con pájaros y moscas anoche y tengo que ir a buscarlos!". Después saltaba encima de la barriga de su papá hasta sacarlo del profundo sueño que lo atrapaba cada mañana. "¡Venga, venga, venga...!". Hasta que, al fin, se despertaban.

Ese día, antes de decir adiós a sus papás, soñó que se convertiría en príncipe de los gatos.

Antes de desayunar, una racioncita de mimos. Maulliditos suaves y cariñosos, una caricia en los tobillos y varias miradas de 'ojos de canica' para llenar bien el bol de galletas. Después de comer, esos pájaros sabrían quien es Ninú, el fiero y valiente Ninú.

Ese día quiso convertirse en guardián de la casa. "La defenderé de esos bichos malos que vuelan delante de mi ventana", se dijo. Y comenzó a hacer guardia. No habían pasado más que unos cuantos minutos cuando el vuelo de un pájaro juguetón de color dorado llamó su atención. "No te dejaré entrar, no te dejaré", pensó.

Y comenzó a dar zarpazos a través de la red protectora. La golpeó tan fuerte que logró romperla. De repente el pájaro juguetón comenzó a volar justo delante de su nariz y le habló: "Por tu valentía y arrojo se te ha concedido el don más preciado. Soy el emisario del Consejo Supremo de los Gatos. A partir de ahora serás reconocido como el Príncipe de los Gatos. Tu deber es cuidar de todos ellos".

Con un ligero roce de las plumas del ala de aquel extraño pájaro, su pelo comenzó a tomar un brillo dorado y unas grandes alas surgieron en su espalda. Ninú, el valiente guerrero, las abrió y siguió al brillante emisario. Surcó los cielos hasta detenerse en una nube. Desde entonces, vive allí y con sus 'ojos de canica' vigila cada día el bienestar de todos los gatitos del mundo y el sueño de sus papás, a los que quiere con locura por enseñarle que la felicidad está en los breves momentos, en la valentía de enfrentarse al día a día, en los recuerdos que no se borran y en la caricia de una persona que te quiere y que siempre, siempre te querrá.


P.D.: A mi sobrinito Ninú, al que todos querremos para siempre. A mis dos amores de Salamanca, a los que siempre adoraré por ser las personas más maravillosas del mundo, por ser tan valientes ante la vida.





9 comentarios:

Anónimo dijo...

Y colorín, colorao,... sus papás restregaron sus ojos con las palmas de las manos, evacuaron unos lagrimones que les impedían ver con nitidez, miraron al cielo, y en medio de una nube vieron a su Ninú de Príncipe, y con el resplandor de un lucero. Y antes de que pudieran hablarle, Ninú les dijo que pronto les llegaría otro gatito, igual de cariñoso, para que su mamá Dulce recuerde el tacto de algodón de su caricia, y pueda enseñarle a ser presumido. También les pidió a sus papás, que recuperaran la alegría y felicidad de cuando estaban juntos, para que su nuevo gatito fuera igual de feliz que él. Que su trono actual, es radiante y ostentoso como corresponde a un Príncipe, y que todo lo cambiaría por volver a sentir el calor en el regazo de su mamá Dulce..., pero que ahora tiene otros responsabilidades. También les dijo que les seguiría viendo con sus 'ojos de canica', y que nunca, nadie podía haberle dado tanto cariño como ellos, y que eran maravillosos, y valientes, que les quería todo el mundo porque se lo merecían, y que la vida les sonreiría siempre porque son "muy buena gente".

Todo esto, lo escuché yo, que soy un "perro pachón", una noche de estas, que sin saber la causa, me encontraba inquieto, y al mirar al cielo, ví un lucero con mas luz que los demás, y al fijar la atención escuché la conversación como la cuento. Confieso, que antes de recogerme se me nublaron los ojos por culpa de una lágrima incontrolada y desde entonces no he recuperado todavía el tono. Es que recordé en aquel momento a otro Ninú con el que jugueteaba hasta que..., y ahora, siento la soledad.

Nota: Para los papás de Ninú, y su tía la genial y sin par "Gatita de este portal". Con cariño.

Anónimo dijo...

Muchas gracias, se me escapan las palabras, así que llevo dos días intentando daros las gracias por el relato. Gracias, tus palabras son como una caricia. Ya no escucharemos el ruido de patitas por la noche, ni el sonido de su ronroneo, ni el tacto de su lengua áspera, nos quedamos sin el amor incondicional de Ninú, pero nos reconforta pensar que tenemos el vuestro para siempre. Mil gracias, mil besos.

Gracias a ti perro pachón, aunque no logre reconocerte detrás de tus palabras, gracias por tu dulzura.

Anónimo dijo...

Me alegra mucho que recuperes de nuevo la actividad en este portal tan bonito.
El relato, es precioso, y triste ¿Cómo se nota tu sensibilidad gatuna?. Tus dos amores de Salamanca, sentirán alivio con tus palabras porque rebosan mucho cariño. Todo pasará, y lo mejor es que en esa casa se vuelva a escuchar un nuevo ronroneo, y las silenciosas pisadas nocturnas que ahoran faltan. Cuando se ha querido tanto a un animalito, hay que llenar pronto el vacío que ha dejado.
Espero que un nuevo Ninú llegue pronto a ese hogar, para que la tristeza se cambie por nueva alegría.
También me ha encantado la continuidad del relato que hace Perro Pachón. ¡Qué solidaridad, qué buena gente, y qué pedazo de escritor anda por ahí...!

Anónimo dijo...

Muy emotivo el relato. Ana, deberías hacer pareja literaria para tus cuentos con el "Perro Pachón",(¿algún o alguna compi del periódico?). Me ha parecido muy imaginativo, y aunque el fondo es triste, queda un mensaje positivo. Deben sentirse muy felices tus seres queridos, por tenerte, porque el cariño que muestras es parejo con tu humanidad. Con esta siembra, ¡como será la cosecha...!

Besos.

Anónimo dijo...

Bonito cuento a dos manos. La gatita y el perro pachón han escrito a Ninú, un precioso homenaje ¿póstumo?, no, porque sigue vivo, ¡y de qué forma! en la mente de los que le conocemos por el relato. Como además, nos regala con esa mirada tan benevolente desde la foto...Es que casi, es para incorporarla al album familiar.
Un orgullo para los que le disfrutaron, y envidia de los que han sabido escribir cosas tan bonitas de ese gatito que se llamaba Ninú y que tenía por costumbre peinarse con la raya al medio, antes de dar los buenos días a sus papás...

Anónimo dijo...

Hola, Ana, soy el Vigilante de Dragonte, y desde que decidiste jubilarme (por cierto sin aviso previo), estoy mano sobre mano. Que sepas que me encantaría volver a ejercer de Vigilante de toda esa comunidad de gatitos, como Ninú, Anis...de los que tantas historias sabes, y con los que tan bien te entiendes. ¿Por qué no nos las cuentas en este portal?. Anda, porfa...

Besos.

Fernando dijo...

Hola Gatita:
Siento la pérdida de Ninú. Cuando se muere un gato se cierra una puerta a otro mundo, diferente a este pero que comparte la misma situación en el espacio y el tiempo. Ellos viven otra realidad. Te dejo un poema de Richard Brautigan que sabe mostrarnos esa vida que sucede entre la trigonometría y las sombras.

"Gato en Shinjuku

Hay un gato marrón tumbado
frente a un restaurante chino
en un callejón muy estrecho
de Shinjuku.

La ventana del restaurante está
llena de figuras de plástico
de comida china que tiene un
aspecto apetecible.

El sol de la tarde es agradable
y cálido. El gato
lo está disfrutando.

La gente camina por allí, muy cerca del gato,
pero el gato no muestra ningún miedo.
No se mueve.
Lo encuentro insólito.
El gato es feliz
ante la comida china
de plástico, con comida real
esperando a otro lado de la puerta"

Un abrazo

Anónimo dijo...

Para Dulce y Paco, por su recordado Ninú. (Poesía adaptada)

A Ninú le gusta
subir al cielo
trepando una escalera
de caramelo.
A Ninú le gusta hacer cosquillas
a las estrellas
con los bigotes largos
y las orejas.
A Ninú le gusta hacerles bromas
a los ratones,
jugar a la rayuela
pasear la noche
y cantarle a la luna
sus serenatas
hasta que descubre
la madrugada.
Ninú Príncipe vive en una nube
sobre la que sube y sube...

Con afecto, y para que recuperen la ilusión con otro gatito.

Besos.

Zuma dijo...

Hola Ana, un fuerte abrazo para ti, y otro para los dos paisanos (soy charro al 50%), que sin duda seguirán llevando a Ninú en sus corazones de por vida.

Tengo un gato, el hermoso Lenin, y aunque esta mañana me ha pegado un zarpazo en el brazo (me ha dejado una cicatriz muy fea de más de 10 cm en el codo), le quiero con locura, y por imagino el vacío que pueden dejarte, muchísimo mas doloroso que el peor de sus arañazos.

Gracias Pente, por retomar este magnífico Blog.