Los primeros edificios de la nueva ciudad estaban reservados a los artesanos. Varios herreros se afanaban sudorosos en crear objetos metálicos punzantes. Los carpinteros cortaban y alisaban los troncos de madera para hacer sillas, mesas y delicados cuencos que darían a beber el vino nacido en las viñas cercanas. Un grupo de mujeres empezó a cotillear a nuestro paso mientras golpeaban los telares para hacer gruesas mantas con lana de oveja. Más allá se escuchaba el atronador sonido de los canteros dando forma a grandes bloques de piedra.Olores, colores y caras desconocidas saturaron mis ojos durante el breve recorrido por la ciudad.
- “No te asustes, nadie te va a hacer daño. Eres mi invitada”, dijo Licinia.
Y la seguí sin rechistar hasta una casa enorme con muros de piedra y tejado de barro cocido en escamas. El olor a asado se colaba por la puerta y las pequeñas ventanas.
- “Te presento a mi padre, Aulus”.
Vestía, como Licinia, una túnica blanca recogida en parte sobre uno de los hombros. Era fuerte, enorme y las canas ya pintaban de blanco su poblado y moreno pelo ondulado.
Miré sus ojos, iguales que los de su hija. Iguales a los míos.
Su sonrisa inicial se había ido cerrando al observarme poco a poco. Entonces una lágrima resbaló por su mejilla y surcó la cicatriz que dibujaba su cara desde la nariz hasta la oreja derecha.
Licinia, ausente de los pensamientos que brotaban a través de los gestos de su padre, siguió hablando.
- “Es Avga. Tiene mi misma edad. ¿Se parece mucho a mí, verdad, papá?. La encontré en uno de los caminos que suben a la montaña”.
Por fin habló el romano: - “¿Dónde vives, pequeña?”.
- “En mi roca. En mi roca Dragonte. Vosotros destruísteis mi hogar y tuve que esconderme”, contesté con toda la fiereza de la que fui capaz pese a mi miedo.
- “¿En… en la roca Dragonte?”, tartamudeó él.
Volvió Licinia a hablar. – “Mi padre es legado. Antes era un bravo soldado, pero ganó muchas batallas y ahora es jefe de esta ciudad”, señaló orgullosa.- “Sí, así es. Cuando era soldado encabecé una expedición que visitó una aldea situada bajo la sombra de la roca Dragonte”, dijo con gravedad Aulus.
1 comentario:
Hacía tiempo que no seguías con el relato de Dragonte. Ya pensaba que te habías cansado. No nos abandones. Tú sigue, que cada vez está más interesante. Gracias por regalarnos esos fragmentos de tu imaginación.
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