sábado, 29 de diciembre de 2007

Bajo la nieve

Pesadamente Simón consiguió arrastrarse entre aquella espesa nieve cuyo grosor cubría incluso parte de las ventanas de las casas del pueblo. El fuego, mientras tanto, devoraba su casa y derretía la nieve alrededor. Gritó para buscar la ayuda de los vecinos, pero nadie respondía, a pesar de que las luces de las velas se intuían dentro de las casas y las chimeneas escupían humo blanco.

Dio un nuevo paso y entonces se acordó del pozo del viejo Tomás. Fue demasiado tarde.

Cayó y cayó hasta dar con el agua helada y detrás de él la nieve. Durante unos minutos incluso pudo respirar y soñó que sería recordado a pesar de todo.

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Ese día Sonia se dirigió con el resto de su clase al Museo de Historia de los siglos XV-XXIII, uno de los más visitados por los intelectuales de la sociedad del siglo XXIV. Miles de objetos cuyo uso desconocía se agolpaban en las vitrinas.

"Y ahora vamos a conocer a una momia", dijo la profesora. Dice la leyenda que se llamaba Simón. "Apareció bajo la nieve hace años así, acurrucado. Los expertos dicen que se ocultó del ataque de alguna fiera", explicó.

Fuera del Museo de Historia el frío no tenía edad ni intención de dejar de aparecer cada invierno.

1 comentario:

Zuma dijo...

A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno ¿quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Más esperamos que así sea y sabemos que así será.

Goethe.