jueves, 3 de febrero de 2011

Un secreto

Hasta mí llega tu aroma mientras te duchas canturreando. Me tienta mirar por el cerrojo para verte a escondidas, pero finalmente cierro los ojos, te imagino y guardo esa fotografía de mi fantasía para preservar el momento.
Si golpeo con mis nudillos la puerta, mi llamada irrumpirá tu baño. Litros y litros de agua estarán recorriendo tus recodos, resaltando esa tonalidad rosada y ese brillo inconfundible de tu piel.
Tu canturreo consigue al fin amansar mi ansiedad, pero el deseo permanece revelado en mis ojos cuando tú los miras. No sé cómo no te has dado cuenta aún.
Porque donde estés tú estaré yo. Porque me guardo la mentira que te dije cuando te rogué que compartieras piso conmigo porque nadie había contestado mi anuncio en el periódico.

(Relato publicado en 'Diez palabras,un relato')

4 comentarios:

Sirena dijo...

Me encantan tus relatos, tienes una facilidad alucinante. Sigue asi guapa, que yo seguire fiel a tus escritos. besosssss

Ana Rosalina López dijo...

Gracias, Sirena. Mil besos rodeados de corales y burbujas saladas.

Anónimo dijo...

Sabía que ese olor le era familiar. Ese aroma pululaba por los surcos de su cerebro despertando emociones y sensaciones ya conocidas. Pero sin nombre. Sentía, era un puro sentir, porque desde hace tiempo, ni siquiera sabe cuánto, su mente había echado el cerrojo. Sentía sin palabras, sin recuerdos. Nada de lo vivido podía salir ya de ese lugar escondido guardado bajo las siete llaves de la memoria. Su mente había decidido preservar el tesoro de sus recuerdos sin querer compartirlo con él. Pero seguía escuchando la llamada del sentir. Sentir pero sin nombre. Conservaba la certeza de haber reído, de haber llorado, de haber amado, de haber odiado.
En su cuerpo se reflejaban las arrugas que atestiguaban miles de risas, litros de lágrimas, mil y una dudas. Sentía sin saber qué sentir ni porqué hacerlo, pero lo hacía. Sentía su emoción asomarse a sus ojos cuando miraba embobado los colores del atardecer, la tonalidad caprichosa de las hojas caídas en el jardín tras los cristales, el brillo del anillo en su mano.
Ella vino para poner un plato de puchero delante de él, ese olor parecía amansar el grito del vacío que venía de su interior. Otra vez se sentía en casa. Su alma le había revelado lo que su mente le negaba. Estaba allí donde quería estar, con quien quería estar, donde el amor le acunaba. Sentía, y se alegraba de seguir sintiendo.


D.N.
(relato publicado en Diez palabras,un relato)

Anónimo dijo...

Me encanta este blog. Es una ventana abierta a la sensibilidad y a las cosas hermosas