DEJÓ CAER EL CARAMELO...
y miró fijamente a su nueva profesora. Era morena con el pelo rizado y su sonrisa llenaba su cara redonda.
- "Vaya. Se manchó el caramelo. Lo siento, Laura".
Esa señora no sólo se había fijado en que el caramelo había resbalado de mi mano hasta el suelo de arena, sino que, además, sabía mi nombre. No me fiaba nada de ella.
Mi padre, entonces, me soltó la otra mano y me dijo: "Bueno, sé valiente, ¿eh?. Ya eres una señorita y debes portarte bien en el cole. Enséñale a la profesora los números y las letras que aprendimos este verano. Que vea que eres una niña muy lista".
No sé por qué tenía que enseñarle nada a esa señora que no conocía ni siquiera del parque del tobogán azul, el más famoso del barrio.
Me sentaron junto a un niño con el pelo revuelto que me regaló un lápiz rojo. "Toma, yo te daré mi rotulador verde", le dije.
"¿Sabes? La profe es mi mamá", me dijo. "Ya verás, durante el recreo le pediré que también te dé a ti una de las galletas que hace mi abuela. Verás qué ricas".
Y desde entonces fuimos los mejores amigos del patio.
DEJÓ CAER EL CARAMELO...
y la gota ardiente se precipitó hacia su pecho. Su pezón ya caramelizado enrojeció al instante y con mi lengua empecé a disfrutar del dulce placer de su piel azucarada. Clavó sus uñas en mis hombros. Tomé de nuevo la cucharilla empapada de caramelo líquido. "No te muevas. Ahí va otra gotita".
DEJÓ CAER EL CARAMELO...
Sería el remate perfecto para la mejor tarta de boda que había hecho nunca.
Eligió los mejores ingredientes. Batió la nata hasta convertirla en suave algodón. Fundió el chocolate más puro que pudo encontrar. Y con el caramelo dibujaría un corazón roto.
El novio no entendería el motivo. Pero ella sí. Éste sería el último pastel que compartiera con ella, a la que nunca pudo declarar su amor. La vergüenza pudo más que su deseo y ahora ya era tarde. Mañana sería la boda de su amor, su único amor. Y sería con otro.
DEJÓ CAER EL CARAMELO...
de su boca al sentir un 'crack' en su dentadura. ¡Mierda, se partió la dichosa muela! Había pospuesto la visita al dentista demasiado tiempo. Ahora no tenía más remedio que ir a ver a quien más temía.
"Jefe, mañana necesito la mañana libre. Tengo que ir al dentista".
Era la primera vez, después de diez años, que pedía unas horas libres. Cogió su móvil. "Julián, mañana no podemos quedar. Tengo que ir al dentista. Ya, ya. Lo sé. Tenías que verme urgentemente. No te preocupes. Todo se solucionará".
Guardó el sobre con los 100.000 euros en el cajón con cerradura, debajo de los presupuestos del señor Gutiérrez. "Espero que la policía no registre mañana la oficina".
4 comentarios:
No me gustaría nada tener que competir contigo en un concurso de relatos...simplemente genial.
Besos.
Yo tb estoy enganchado a este portal gatuno.
Mr.Coen
Nunca dejarás de sorprenderme con tus relatos, me gustan mucho.
Bonita forma de empezar 4 relatos con una misma frase, jamás se me hubiera ocurrido.
Sigue así y no cambies nunca, gatita.
Un beso.
¡Qué relato, Gatita! Eres genial,...poliédrica.
Me pareció ver un linda Pentesilea el otro día, pero cuando entré ya no estaba....sería un espejísmo?
Un abrazo...
Publicar un comentario